Servicio de Vino en Restaurantes: Etiqueta, Ritual y Experiencia Sensorial

El vino es una bebida que ha sido apreciada a lo largo de la historia por su complejidad y variedad. Tener conocimientos sobre vinos no solo demuestra sofisticación, sino que también brinda la capacidad de apreciar sus matices y probar nuevas experiencias sensoriales. Al asistir a un restaurante, el protocolo relacionado con el vino es fundamental para disfrutar plenamente de la experiencia culinaria. Desde la elección del vino adecuado para complementar los sabores de la comida, hasta el manejo correcto de la copa y la etiqueta al interactuar con el sommelier, dominar estos aspectos añade un toque de refinamiento a cualquier encuentro social. Además de ser un tema fascinante por derecho propio, el vino es un excelente punto de partida para explorar la cultura, la geografía y la historia de diferentes regiones del mundo. En resumen, contar con conocimientos sobre el vino no solo enriquece las conversaciones, sino que también añade profundidad y amplitud a nuestra comprensión del mundo que nos rodea.

Protocolo que se sigue en el Restaurante.

Al momento de sentarnos en la mesa, el vínculo que existe entre el sumiller y el cliente comienza en el servicio y se desarrolla en tres fases:

1.- Toma de contacto «conseguir una cita»

2.- Presentación de la carta de vinos.

3.- Toma de comanda (pedir) es donde el cliente realiza su propia elección o también tiene la opción de pedir consejo o recomendaciones.

Este momento es en el que el sumiller tiene la oportunidad de expresar por completo su experiencia donde entra en juego toda su capacidad para conseguir un rapport (simpatía, donde dos o más personas se sienten en sintonía psicológica y emocional) impecable con el cliente. En este punto el sumiller dará consejos, donde si un vino es mal elegido puede estropear desde una excelente comida hasta la meticulosidad que se ha empleado en las viñas y bodegas para producirlo.

El servir vino puede ser un momento de ritual o técnico, pero siempre tiene un significado al momento de valorar el producto.

Recordemos que el vino tiene que servirse siempre en excelentes condiciones como la temperatura, en las copas adecuadas, etcétera para que el cliente tenga la oportunidad de degustar a plenitud sus sabores.

  • En la primera toma de contacto esencialmente se trata de establecer un clima adecuado lo cual hace que el cliente se sienta cómodo y que tenga la capacidad de realizar su elección en las mejores condiciones.
  • Para la entrega de la carta de vinos debe ser ofrecida en el momento en el que se es entregada la carta de platos. En orden general será, la carta se ofrecerá a la persona que invita y, si es conveniente se puede preguntar. En caso de que se trate de una pareja puede ser la mujer la que desee y tenga mayor conocimiento para elegir mejor.
  • La toma de la comanda de las bebidas será inmediatamente después de los platos a servir. El cliente puede pedir consejo o puede ser que el cliente formule su petición por lo que es importante que el sumiller o la persona que se encuentra atendiendo la mesa se encentre atento para escuchar. Es importante que se obtenga la mayor información posible; sin embargo, el sumiller puede ofrecer algunas sugerencias sobre la base de los platos solicitados y el contexto (en el cual será estación del año, precio del menú solicitado, comida familiar, etcétera) y de esta manera sugerir un vino o dos en algunos casos, exponiendo de modo sucinto, pero de manera eficiente el motivo por el cual se recomiendan.

Particularidades y gustos de los países.

Algunos de los países tienen muy arraigado el consumo de vino con las comidas, los cuales viene del antiguo Italia, Francia, España, Bélgica, así como otros países como América del norte, Japón y Oceanía. Por lo que es más sencillo apreciar el gusto, el origen, el precio, la buena combinación y la denominación del vino ya que se encuentran mayormente familiarizados con el tema.

El vino ha desempeñado un papel fundamental en las culturas de estos países, siendo mucho más que una simple bebida. Ha estado ligado a celebraciones, rituales religiosos, momentos de reunión y hasta como complemento perfecto para realzar la experiencia gastronómica. La diversidad de tradiciones vinícolas en cada uno de estos lugares ha dado lugar a una amplia variedad de estilos y sabores, lo que añade un encanto especial a la apreciación del vino en estas regiones.

Desde los tintos robustos de Italia, pasando por los elegantes blancos de Francia, hasta los afrutados vinos de España, cada país aporta su propia esencia a la cultura vinícola. Esta riqueza en variedad ofrece a los habitantes de estos lugares la oportunidad de comprender y disfrutar en mayor medida las complejidades y matices del vino, facilitando la tarea de apreciar sus diferentes características como el aroma, sabor, cuerpo y persistencia en el paladar.

Además, la estrecha relación entre el vino y la gastronomía en estas regiones fomenta un mayor conocimiento sobre la combinación de vinos y alimentos, permitiendo a los entusiastas disfrutar de experiencias culinarias únicas y memorables. Todo esto contribuye a que el aprecio por el vino vaya más allá de su mera degustación, convirtiéndose en un aspecto enriquecedor de la vida cotidiana en estas comunidades.

Cuando un sumiller se encuentra frente a este tipo de clientela es necesario insistir en los caracteres organolépticos del vino. Posteriormente conectará su origen, resaltando la importancia de la región vitivinícola y de una manera concisa y breve describir los métodos de cultivo y vinificación.

Para cuando se tiene clientes donde son provenientes de países donde no se acostumbra el vino, por lo regular suelen estar más interesados en los beneficios que aportan a la salud que en las cepas, el gusto, el precio o el origen.

El servicio.

El momento del servicio del vino es crucial para garantizar una experiencia degustativa óptima. El sumiller, con su técnica y gracia, inicia el proceso degustando el vino con el catavinos o, en su defecto, con una copa de manera alternativa. Esta fase preliminar es fundamental, ya que permite verificar que el vino se encuentre en buen estado antes de proceder con el servicio. Una vez confirmada la calidad del vino, se procede al escanciado, un acto que requiere habilidad y precisión para asegurar que el vino se sirva de manera impecable.

Cuando se trata de un vino reconocido, a menudo basta con llevar a cabo el conocido examen del corcho para posteriormente pasar a la siguiente fase del servicio. Sin embargo, es importante destacar que la degustación es esencial cuando se trata de vinos rara vez servidos o de un vino envejecido. Este proceso minucioso permite apreciar las sutiles complejidades y matices que estos vinos especiales pueden ofrecer, lo que contribuye a enriquecer la experiencia sensorial del comensal.

Es fundamental tener en cuenta que, durante este proceso, el vino siempre se ofrece a la persona que lo ha solicitado para que tenga la oportunidad de degustarlo. Esta cortesía es una práctica arraigada en la tradición del servicio del vino y refleja el respeto por la elección y la experiencia personal de cada comensal.

Al momento de realizar el escanciado del vino, este será siempre a la derecha del comensal por lo que del primero en ser servido ha de ser quien haya ordenado el vino, de esta manera sólo a continuación se sirve a los demás comensales, el cual será en orden consuetudinario de precedencia que será:

1.- Primero a las señoras (será en orden de importancia).

2.- Segundo a los señores (será en orden de importancia).

El comensal que haya sido la primera en catar el vino será de igual manera la primera en ser servida una vez concluida la ronda.

Al momento de distribuir el vino a los comensales es necesario poner atención al número de ellos ya que una sola botella debe ser suficiente por lo menos una vuelta a la mesa; esto si el número de comensales no es superior a ocho.

Por orden los vinos siempre deberán ser servidos antes de la llegada de cualquier plato. De esta manera es preferible postergar un momento el servicio de la comida para permitir que se respete tal requerimiento.

La fase técnica para mantener el contacto cercano con el cliente es crucial para potenciar la experiencia del vino. Al interactuar de manera directa, el sumiller tiene la oportunidad de enriquecer el disfrute del cliente al comprender sus preferencias y ofrecer una experiencia personalizada. Este contacto estrecho permite crear un vínculo entre el amante del vino, el sumiller y la botella misma, fomentando así una apreciación más profunda y significativa de la bebida. Evitar la distancia y fomentar la participación activa del cliente son prácticas que contribuyen a elevar el disfrute y conocimiento del vino, llevando la experiencia sensorial a otro nivel.

Además, la conexión directa entre el sumiller y el cliente brinda la oportunidad de transmitir conocimientos y anécdotas sobre el vino, lo que agrega un valor educativo y emocional a la experiencia. El intercambio de información y la retroalimentación inmediata permiten ajustar la selección de vinos y sugerencias a las preferencias específicas del cliente, creando así un ambiente de confianza y complicidad.

En resumen, la interacción cercana entre el sumiller y el cliente durante la degustación de vinos no solo mejora la experiencia sensorial, sino que también fortalece la relación entre ambas partes, generando lealtad y un sentido de pertenencia que va más allá de la simple transacción comercial.

Catar y degustar son diferentes, en la cata se trata de realizar un análisis detallado del vino, en el cual se emitirá un juicio detallado objetivo y profesional. La degustación es solo para disfrutar del vino y apreciar todos sus matices en un contexto relajado.

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Restaurante y Vino (parte 1).

¿Te gusta ir a un restaurante y tomar vino? Bien, todo tiene una etiqueta y todo conocimiento sobre el tema es necesario para no cometer errores vergonzosos. Recordemos que también la actitud, así como tu educación, etcétera te hacen ver bella o atractivo.

El conocer que puede suceder en alguna situación nos hace tener herramientas para enfrentarnos en cada posición en la que nos encontremos, qué debemos hacer y cómo debemos actuar es algo de lo cual no nos vamos a arrepentir, el tener presente de lo que va a pasar al momento de asistir a un lugar así nos brinda muchas cosas como status y no te vas a sentir cohibida o cohibido.

Muchas de las personas que asisten a este tipo de lugares saben de ante mano cual es el protocolo incluso cuentan con bastos conocimientos y uno de ellos es el vino y de con qué se pueden maridar, pero no todas las personas tienen esos conocimientos ya que son muy extensos, sin embargo, es recomendable adquirir cierta cultura sobre de algunas de las cosas que van a suceder y una de ellas es el trato que se le da al vino ya que de él dependen muchas cosas, también el protocolo, etcétera. En restaurant de alto standing es más estricta que en un restaurante de menor standing el cual suele ser más relajado y acogedor, sin embargo, todos tienen algunas reglas de etiqueta.

Sumiller y el vino.

El sumiller procederá a destapar el vino el cual no se da vueltas ni la botella, ni el cestillo, ni el cubo de hielo a no ser que se trate de una botella de vino espumoso, por lo que realiza con cierta precaución para no derramar vino o que se produzcan ruidos desagradables, en el caso de los vinos tintos que se destapan en el cestillo; es también para mantener la boquilla separados de los comensales y evitar todos estos inconvenientes.

Una de las prácticas que debe realizar el sumiller es que antes de desenroscar el tapón del sacacorchos, se olfatea para comprobar que no huele a corcho por lo que de ser así se tendrá que desechar; tiene que permanecer el aroma a vino.

Cuando se realiza esta operación las manos jamás tocan el tapón ya que se puede contaminar la percepción de los perfumes y, por ende, falsear el examen olfativo. Muchas veces los comensales pueden confundir el gusto del aroma por la tierra y no se dé cuenta que en realidad es aroma a corcho y se tenga que desechar. Por lo que es necesario que el sumiller realice esta práctica.

Una vez que esto ha sucedido y se comprueba que el corcho no presenta olores anómalos, se está listo para limpiar una vez más el cuello de la botella, esto se realiza porque en ocasiones suelen quedar pequeños depósitos de cristales de tartrato (ácido tartárico que puede llegar a insolubilizarse por la presencia de cationes de calcio y potasio y forma sales) que pudieran caer en la copa y perder la limpidez (transparencia).

La botella permanecerá siempre inmóvil y no es bueno hacerla girar, así como los tapones extraídos siempre permanecerán a la vista de los comensales para asegurar el origen del producto.

Cuando se va a degustar un vino espumoso cuidado de que la cápsula y el tapó no caigan en el cubo de hielo, la botella debe estar inclinada y asir el tapón con la otra. Se tendrá cuidado de extraer imprimiendo a la botella un movimiento de rotación lento para lograr un afloramiento gradual del gas. Para la degustación de un vino espumoso será en una copa, ya sea de tulipán o de flauta tradicional.

El sumiller siempre dejará la etiqueta visible al comensal, por lo que no será envuelta la botella con una servilleta, las botellas de vino blanco que se han mantenido frescas en cubo de hielo con agua son secadas muy bien para evitar mojar la mesa, también se mantienen a una cierta distancia del cliente a la hora del escanciado.

Una copa no se debe llenar más de dos terceras partes de su capacidad, y si son de las que tienen una mayor capacidad serán vertidas con parsimonia (con calma).

Oxigenación del vino.

La oxigenación es la cantidad de oxígeno en un medio, por lo que es necesario que el vino entre en contacto con el oxígeno para que de esta manera revele características y matices que estando cerrado no puede.

Por ejemplo: cuando se tiene un vino tinto de añada, pero no se tiene el tiempo suficiente para oxigenarlo, se debe elegir una copa ensanchada en la corona y realizar una rotación que permita llegar a la saturación de oxígeno en solo 30 segundos.

Decantación.

La decantación es un proceso en el que consiste en vaciar el vino en un recipiente de vidrio donde la parte de abajo es más ancha y la de arriba es más angosta, por lo que permite separar el vino de sus posos que no tienen que ser necesariamente una masa de depósitos en el fondo de la botella, así como también una aireación moderada del producto.

Este proceso permite al vino expresarse en el plano olfativo o atenuar su astringencia, en el caso de que todavía existan una excesiva presencia de taninos.

Algunas escuelas se encuentran a favor y otras no por lo que para quienes se inclinen por la decantación hay tres reglas a seguir.

1.- La primera regla indica que se debe decantar solo la botella en la que existan depósitos, sin importar su naturaleza y la edad del vino; de esta manera el vino que se encuentre sin depósitos se servirá sin mayor manipulación.

2.- Segunda regla, la decantación tiene que llevarse a cabo pocos minutos antes de ser servido el vino en la mesa.

3.- Tercera regla, es una regla importante ya que se realiza solo con vinos que tenga algo como una falta de nitidez olfativa procede una decantación anticipada y que sea muy bien aireada.

Proceso de una decantación.

Para la operación de la decantación empieza desde el descorche de la botella en el cestillo. El decantador tiene que enjuagarse con agua tibia, posteriormente se agregarán unas cuantas gotas del vino a servir la cual se verterá en una copa ya preparada. El siguiente paso será la decantación donde se traspasará el vino de una manera delicada.

Al momento de decantarlo se mantiene una vela encendida y situada bajo la botella, esto se hace para entrever por transparencia la llegada de los pozos, cuando se observa que han llegado al cuello de la botella se levanta para que no pasen al recipiente de decantación. De esta manera el vino queda listo para servir.

El trasvase es una operación distinta, consiste en vaciar a una garrafa por lo que no se debe confundir con la decantación, ya que como se ha mencionado anteriormente la decantación se realiza en vinos más viejos de los cuales presentan depósito, lo que no sucede con la garrafa ya que se procede con vinos que son aún jóvenes y no han alcanzado la madurez.

En el mundo del vino, el proceso de escanciado y trasvase juega un papel fundamental en el disfrute y la preservación de las cualidades de esta bebida milenaria. El escanciado, como mencioné anteriormente, implica el uso de una vela y es ideal para vinos más viejos que contienen posos. Este proceso requiere paciencia y habilidad para lograr un vertido lento que permita disfrutar plenamente de las sutilezas de estos vinos envejecidos.

Por otro lado, el trasvase en una garrafa es un procedimiento completamente distinto. Al no tener sedimentos, se puede realizar un trasvase más rápido sin la necesidad de una vela. Este método es preferible para vinos jóvenes, ya que permite oxigenar el vino y separarlo de cualquier sedimento o residuo que pueda afectar su sabor y calidad. Es fascinante observar cómo estas diferentes técnicas de manipulación del vino pueden influir en la experiencia sensorial que ofrece esta bebida.

En resumen, tanto el escanciado con vela como el trasvase en garrafa tienen sus propias aplicaciones y beneficios, añadiendo una capa más de tradición, técnica y conocimiento al mundo del vino.

Temperatura de escanciado.

La temperatura es muy importante para degustar el vino a su máxima expresión, tiene que ser adecuada para cada tipología, por lo que solo de esta manera será posible valorar su singularidad de cada vino.

Para los vinos blancos la temperatura ideal tiene que ser inferior a la que deben estar los vinos tintos especialmente cuando se trata de vinos envejecidos para atenuar el punto de la tanicidad y liberar por completo el buqué, esto es para destacar las características de frescura.

Temperatura.

Vinos espumosos dulces aromáticos                De 6-8 grados centígrados.

Vinos espumosos secos, brut o dry                 De 8-10 grados centígrados.

Vinos blancos secos jóvenes abocados, amables o de vendimia tardía. De 9-11 grados centígrados.

Vinos rosados                           De 10-12 grados centígrados.

Vinos de moscatel y generosos                   De 12-18 grados centígrados.

Vinos tintos nuevos                        De 14-16 grados centígrados.

Vinos tintos jóvenes ligeros y poco tánicos              De 15-17 grados centígrados.

Vinos tintos estructurados                     De 18-20 grados centígrados.

Vinos tintos tánicos y/o madurados en barrica            De 18-22 grados centígrados.

Cadena de vinos en la mesa.

Existen normas que regulan el orden de servicio en la mesa las cuales siempre van a contemplar las características de cada vino, pero también la alternancia de los platos y sus ingredientes.

Cuando se habla de una comida de varios platos por lo regular se abre con aperitivos y posteriormente se sirve la sopa, pescado, carne, quesos y dulces. Así que se comenzará por degustar con vinos blanco, para seguir con vinos rosados, tintos y por último vinos licorosos dulces.

Todo esto es un decálogo, y el maridar es realmente un arte, el elegir vinos para diversos platillos se requiere de una amplia experiencia y conocimientos, de esta manera vamos a recomendar el libro de un periodista que amó la gastronomía y por supuesto el vino, Raymond Dumay, profesor, periodista, ensayista, novelista y redactor en jefe; quien escribió el libro Guide du Vin (Guía de Vinos) donde amplia lo antes mencionado de lo cual solo damos una pequeña parte.

1.-Una de las reglas más acatadas es: los grandes vinos licorosos no pueden degustarse con la carne roja o con la caza.

2.- Los grandes vinos tintos no pueden ir con moluscos, crustáceos y pescado en general. Pero cuando se trata de regiones en donde se dispone de una gran gama de vinos tintos se utilizan para acompañar al pescado. Sin embargo, en el momento de realizar un platillo con pescado puede ser servido con salsa al vino tinto.

3.- Siempre se sirven los vinos blancos antes que los vinos tintos. Sin embargo, existen excepciones como un Marsala Vergine Solera puede servirse al final de la comida como dulce con nueces; un moscatel como un Malvasia delle Lipare puede ser el postre ideal servido a lado de una tarta de masa sin levadura.

4.- Siempre se sirve primero los vinos ligeros y posteriormente los fuertes. Se puede servir un escabeche de corzo acompañado de un vino más fuerte que el que se sirve con un queso mantecoso de perfume delicado.

5.- El vino fresco antes que el vino a temperatura ambiente. Sin embargo, se tienen dos excepciones que se deben predominar y son el Oltrepó Pavese Moscato o un Vin Santo del chianti que se servirán al final de la comida.

6.- En este punto se hablará de la graduación alcohólica, el cual dice que los vinos de menor graduación serán servidos primero y posteriormente los de más graduación alcohólica, esto es para no olvidar el sabor del plato.

7.- Un punto importante, cuando se presenta un plato, siempre tiene que ir con su vino que le corresponde y que realce las características de cada alimento. Por lo que si se dispone de una pequeña cantidad de vinos lo mejor será presentar una pequeña variedad de platos.

8.- Es muy importante un sorbo de agua entre vino y vino. Esto nos permite enjuagar las papilas gustativas y disfrutar mejor del sabor.

9.- Un gran vino (quiere decir que ha sido elaborada con uvas excepcionales tocadas por un año perfecto) no debe quedar aislado en una comida.

10.- La selección de los vinos espumosos se puede realizar con el siguiente criterio: con el aperitivo un brut saten, posteriormente un brut blanc de blancs; después un milesimado oun cuvée blanc de noirs y, por último, con un demisec o un espumoso dulce y/o aromático.

11.- Para el número de vinos a seleccionar, se guían por el número de platos y la importancia de la reunión ya sea familiar con invitados, negocios, comidas de presentación, bodas, etcétera. De igual manera se debe tomar en cuenta que es elemental escanciar el vino siempre antes de la llegada de la comida. Recordemos que es importante para que los comensales tengan el placer de apreciarlo en todos sus matices, los cuales se encuentran lejos de los aromas de las preparaciones gastronómicas, las que podrían inducir a cierta confusión con los del vino.

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Herramientas Esenciales para el Sumiller

Son las herramientas del sumiller y se consideran como maravillosas ya que cuando las utiliza deja ver su talento, sin embargo, son instrumentos útiles aun cuando no se sean utilizados por un sumiller ya que el conocer un poco más a fondo del tema te permite ser un buen anfitrión en cada ocasión; por lo tanto, entre ellos se encuentran:

  • Sacacorchos profesionales de palanca.
  • Termómetro de lectura rápida.
  • Candelabros con velas.
  • Quemadores.
  • Las maravillosas copas.
  • Decantador.
  • Cestillo portabotellas.
  • Platos pequeños para corchos y tapa.
  • Paños para limpiar las botellas.
  • Tenacillas para los vinos espumosos.
  • Copa para realizar la prueba.
  • Tapón salvavinos, el cual es muy útil para la conservación de las botellas abiertas.
  • El antigoteo para llevar a cabo un escanciado totalmente limpio.

LA COPA.

La copa es pieza clave para un verdadero vino y un encuentro íntimo, la degustación del vino siempre será un placer donde implica a todos los órganos de los sentidos.

La copa facilita este placer y hace que en conjunto con el vino adecuado sea una experiencia realmente excelsa.

Las características que debe presentar las copas son: tienen que ser de cristal o vidrio incoloro, nunca esmerilado, esto es para que se pueda admirar la limpidez de la que ya hemos hablado y del color del vino; la copa tampoco debe ser de plástico. Siempre podemos realizar alguna concesión decorativa, sin embargo, esta tiene que ser sobria.

Las copas no solo sirven para beber, sino que de igual manera es un elemento de evaluación del vino y del agua, de los destilados, así como de los espumosos.

En general cualquier bebida que se consuma cambia mucho según el recipiente en el que se sirve y, sobre todo en el caso del vino. Es por esa razón que los fabricantes siguen estudiando nuevas formas y características de materiales que se adapten para la perfección de las múltiples bebidas a degustar.

Esto es debido a que en la lengua tenemos cuatro áreas que perciben sabores diferentes que son:

1.- En la punta dulce.

2.- En los laterales ácido.

3.- En la parte posterior astringente.

4.- En el extremo salado.

Las copas que, en función de la tipología (tipos o modelos) del vino, acceden el flujo hacia áreas de la boca en la que sean más fáciles de apreciar las características del producto. De igual manera existen copas diseñadas para evaluar el buqué, sabor, etcétera de un vino. De ahí la importancia de la forma y el tipo de vino a degustar.

Dependiendo del vino es la copa

Con referencia a la forma, es mejor una copa que tenga paredes delgadas e incoloras, que no contenga tallado u otros motivos ornamentales, estas características son las mejores siempre.

La longitud del tallo o también llamado pie tendrá que variar según el vino. El vino no debe tener contacto con la mano ya que le puede aportar calor y, por lo tanto, cambiará sus características del vino al momento de degustar.

El vino se evalúa en primera instancia con el olfato, por lo que la copa deberá llenarse como un máximo de dos tercios (tomar en cuenta que los vinos muy importantes, deberán llenarse solamente una cuarta parte).

Así que el vino puede liberar de manera gradual su aroma en el momento en el que se imprime en la copa con un movimiento rotatorio que oxigene el líquido por lo que permite distinguir incluso perfumes que son más delicados.

  • Para vinos blancos: Para los blancos frescos y aromáticos es preferible una copa en forma de tulipán, que tiende a estar abombado en el centro y va estrechándose hacia la boca, esto es para liberar de inmediato los aromas retenidos en su interior.
  • Para vinos blancos estructurados: Que después han experimentado un refinamiento en madera, para este tipo de vino es más recomendable utilizar una copa que sea más grande y mucho más abierta en la parte de arriba. Se utilizará así para distinguir mucho mejor las sensaciones que genera el vino.
  • Para vinos tintos: De igual manera dependiendo de su envejecimiento y estructura, la copa deberá ser con menos panza para los vinos jóvenes y afrutados; para los vinos que entre sus características se encuentren austeros y envejecidos exigen una copa bastante más amplia, de balón, y con paredes alargadas. Gracias a esto podrán girar libremente en el interior para exteriorizar al máximo el buqué, por lo que esto favorece la percepción de los sutiles aromas a brea, tabaco, trufa, chocolate, etcétera. Estos aromas son característicos de este tipo de vinos de alta calidad en los que se ha iniciado a producirse una transformación importante de los componentes organolépticos.
  • Para vinos espumosos secos y el de champaña brut: Normalmente se sirve en copa de flute; en una copa en forma de flauta donde se puede distinguir el perlage fino que caracteriza a lo largo de las paredes de la copa.
  • Para vinos licorosos: Para este tipo de vino se utilizan las copas pequeñas en forma de tulipán o alargadas y con boca estrecha; las estrechas dimensiones hacen que el vino blanco y las de aguardiente y destilados del vino se sitúen a medio camino entre las copas. La copa en forma de cáliz abierto es ideal para degustar los vinos moscatel con o sin burbujas, los cuales son vinos con características dulces de baja graduación alcoholica.
  • Para vinos destilados o aguardiente: Se utiliza por lo regular copas que son pequeñas, por lo que de igual manera se emplean para servir licores dulces, como lo son los derivados de fruta o aromatizados con hierbas. La copa tumbler, tiene una forma cilíndrica sin pie es el correcto para los destilados que son jóvenes los cuales se sirven con hielo o combinados con bebidas gaseosas y no alcohólicas, mientras que el balón o Napoleón las características que presenta es de una copa ancha y panzuda, con pie corto que es la correcta para los destilados que son ligeramente envejecidos.

Cómo se colocan en la mesa

Por cuestiones de higiene, las copas se deben colocar boca abajo al montar la mesa, sin embargo, se deben colocar en la manera correcta al llegar el momento de servir.

En el caso de servir copas de vino blanco, pueden retirarse inmediatamente después de haber servido el vino tinto, o el siguiente, cuando la copa incluya más de un tipo de vino.

Las copas de vino tinto se deben retirar al momento de servir café. Posteriormente sólo el café permanecerá en la mesa junto con las copas de agua. Son reglas a tener en cuenta, pero sin duda se encuentran sujetas a variaciones. Hay algo que siempre es válida; la mesa nunca debe quedar llena de copas que al momento ya son inútiles.

Papara el lavado de la cristalería

La cristalería es muy delicada y se debe tener brillosa, nunca tiene que quedar opaca y con pelusa por lo que es necesario que su lavado y secado sea realizado de una manera diferente a lo que se realiza con la vajilla.

La cristalería debe estar muy limpia, sin residuos de cal o hilos de la servilleta, lo mejor es utilizar una servilleta de algodón o lino para secarla.

El lavado se debe realizar a mano y con agua caliente, sin detergente y jamás en lavavajillas, de esta manera no se rayarán. Una copa que se lava con detergente conservará un olor a metal o petróleo.

Una vez terminado se colocarán boca abajo sobre un trapo de algodón o lino suave y se sostiene por el cáliz y nunca por el pie, por último, se colocarán en un lugar donde no se impregnen de algún olor y se encuentre cerrado ya que puede adquirir aroma a madera o impregnarse de polvo.

Por último, para las copas de uso cotidiano incluso el tumbler o tubo, las del licor y destilados que no presenten problemas con el pie, se pueden pasar por el lavavajillas, pero estas deben ser bien distribuidas evitando que se toquen entre sí ya que de igual manera son delicadas.

Debemos tomar en cuenta que una vez que la máquina ha terminado se tiene que abrir de inmediato la puerta ya que una permanencia prolongada a temperatura elevada y en ambiente húmedo hace que se pierda la luminosidad del cristal.

Al guardar la cristalería tiene que ser en madera o materiales refractarios. Nunca se deben encimar o colocarla en una superficie de cristal para evitar que se raye y se rompa.

Resumen

1- Tomar la copa por la parte abombada.

2.- Enjuagar bajo el agua caliente.

3.- Enjuagar nuevamente con vinagre.

4.- Posteriormente con agua del grifo.

5.- Por último, realizar un enjuagado con agua desmineralizada.

6.- Dejar que la copa escurra.

7.- Una vez que se ha secado, tomarla por el cáliz en una mano y, con la otra sostener un paño seco abierto.

8.- Secar rápidamente el exterior.

9.- Será muy útil secar a contraluz.

10.- Guardar la copa en un armario.

Equipamiento básico

Se trata de utensilios que son sencillos para servir vino y de mucha utilidad para realizar el escanciado. Solo se necesitan de unos pocos elementos como:

1.- Sacacorchos.

2.- Cestillo portabotellas.

3.- Decantador.

4.- Pinza.

5.- Tapón mordaza.

6.- Termómetro.

7.- Cubos.

8.- Copas variadas.

También suelen llevar un tastevin (pequeña taza de plata) que es un símbolo de la profesión, la cual está siendo sustituida por la copa de cata cada vez con una mayor frecuencia.

1.- Sacacorchos. Por decirlo de una manera romántica es la llave del tesoro, por lo que es necesario observar bien lo que elegimos de entre múltiples modelos que existen en el mercado, ya que no todos son los adecuados para este objetivo. Un buen sacacorchos no solo facilita la apertura de una botella de vino, sino que también puede ser un símbolo de la calidad y la atención al detalle que buscamos en nuestra experiencia enológica. A la hora de seleccionar uno, debemos considerar su diseño, el material, y la ergonomía, factores que aportan no solo funcionalidad, sino también un toque de elegancia a nuestros encuentros sociales. Elegir el sacacorchos correcto se convierte en una expresión de nuestro estilo personal, y en muchas ocasiones, puede ser el comienzo de conversación en una cena o reunión, donde compartir experiencias y recomendaciones sobre vinos convierte cada momento en un recuerdo memorable.

El sacacorchos profesional o de leva, se encuentra codificado por AFNOR, y su diseño ha evolucionado con el tiempo para adaptarse a las necesidades de los sommeliers y aficionados al vino. Este ingenioso utensilio se compone de una espiral metálica en tornillo sin fin unida a un mango ergonómico, lo que facilita su uso y proporciona un agarre seguro. Además, incluye una pequeña hoja de navaja para cortar la cápsula que rodea el cuello de la botella, permitiendo un acceso limpio y eficiente al vino. Su construcción robusta y materiales de alta calidad garantizan durabilidad, mientras que su diseño funcional lo convierte en un elemento imprescindible en la caja de herramientas de cualquier amante del vino. A medida que se introduce en el corcho, la espiral se agarra con firmeza, permitiendo que el usuario extraiga el tapón con un mínimo esfuerzo, disfrutando de una experiencia de servicio fluida y elegante.

También se puede retirar con un cúter. Al tener una difusión de los tapones sintéticos, es muy usual encontrar sacacorchos con tornillo de teflón.

2.- Tapón Salvavinos. El objetivo de estos es el preservar de manera óptima las características que poseen los vinos, sobre todo cuando se ha tomado la decisión de servir en copa.

El vacuvin es una pequeña bomba, que tiene la capacidad de aspirar el aire del interior de la botella por medio de un tapón a presión que se aplica sobre el cuello de la botella.

Hay elementos como los que evitan la pérdida de gas como el tapón de doble abrazadera de acero y el tapón a presión, el cual cierra herméticamente la botella de un vino espumoso.

Entre otras herramientas profesionales se encuentra la máquina de nitrógeno, esto es dependiendo del nivel del vino que haya bajado, con lo que se evita la oxidación del producto.

3.- El antigoteo o drop stop. El material es una lámina de metal tratado para evitar el traslado de olores desagradables, con forma redonda y muy flexible, el cual debe ser enrollado sobre la misma para que forme un cilindro.

Posteriormente se inserta hasta un tercio en el gollete de la botella, y lo demás va a quedar a la vista el cual quedará como un pitorro antigoteo.

Este instrumento permite realizar el escanciado perfecto evitando que las gotas de vino caigan, lo que de manera inevitablemente mancharía el mantel que se verán muy mal sobre todo si son blancos.

3.- Tapón de corcho. Desafortunadamente en ocasiones los corchos presentan la enfermedad desagradable cuyas características son un olor/sabor a corcho, el vino encorchado, lo que obliga a sustituir la botella. La probabilidad de que esto ocurra y de que el tapón salga defectuoso es de alrededor de un 3%.

Es importante mantener el corcho inodoro, natural y que transpire, por lo que continúa siendo el mejor material para conservar el vino. Es por eso que, al momento de su elaboración, si no se toman todas las precauciones se pueden generar algunos defectos que ocasionarán inevitablemente el encorchado del vino.

También se ha encontrado solución en tapones sintéticos, los que son llamados de silicona, sin embargo, debemos tomar en cuenta que en realidad se trata de polímeros termoplásticos a base de etileno y propileno, elastómeros, espuma y goma alimentaria.

Este material tiene la ventaja de satisfacer el segmento de la demanda que, a la vista de la escasez y el precio del corcho, los polímeros van muy bien para los vinos de consumo ágil, que se encuentran sujetos a una mayor rotación. Esto se debe a que los tapones sintéticos son más sintéticos son más sensibles a los problemas del embotellado y la influencia de la temperatura.

Enfermedades del corcho. Genera un olor y sabor a corcho los cuales proceden de planchas que se encuentran enfermas. Su permeabilidad, de igual manera las planchas donde se han sacado se encentran enfermas, cuyo tejido suberoso se encuentra salpicado de formaciones cavernosas ocasionado por un crecimiento vegetativo anormal. Esto genera una filtración al exterior o una excesiva absorción del líquido a la botella.

Sensación de moho. Afecta al olfato y al gusto lo que transmite impresiones desagradables, que es muy similar del encorchado, pero en este caso se presenta un defecto ocasionado por una carga microbiana (hongo) y de la forma en la que es almacenado.

Aroma a madera. El corcho presenta características como el de un tapón rígido, frágil, y tiende a desmoronarse con mucha facilidad. En el interior se encuentran un número considerable de estrías que son de color oscuro y ricas en lignina por lo que despide un aroma a madera húmeda.

4.- La pinza. Es un instrumento utilizado para destapar las botellas de vino espumoso donde el tapón es excesivamente resistente y su extracción no es sencilla. También existen pinzas donde tienen la forma de tenazas que son muy útiles para a la hora de cortar la cápsula de las botellas de vino espumoso o los alambres de fijación de los tapones que llevan algunos vinos de este tipo.

5.- Termómetro de lectura rápida. Este instrumento es utilizado para controlar la temperatura del vino de manera inmediata antes de ser escanciado, sin embargo, hoy en día no se utiliza mucho.

Existen otros instrumentos que son también muy eficaces para medir la temperatura del vino, como un brazalete que se aplica en torno a la botella o las etiquetas de cristal líquido.

6.- La garrafa y el decantador. Cuando se trata de vinos que se encuentran especialmente envejecidos, este tipo de garrafa puede resultar totalmente indispensable al momento de la decantación, esto se hace con el objetivo de exaltar los aromas mediante la oxigenación del vino para así poder garantizar el mayor equilibrio gusto-olfativo de éste, pero además de favorecer la separación de posibles depósitos de sedimento.

Al momento de observar que la decantación se encuentra en riesgo de romper su equilibrio gusto-olfativo, lo mejor es abrir la botella para atemperarla, por lo menos dos horas antes de servirla, y que no sea trasvasada.

La decantación es aconsejable con vinos no envejecidos en los que una cierta oxigenación permite la desaparición de algún olor que quede defectuoso. Al realizar esta operación nos aseguramos de que se reduzca la sensación astringente, así como la desaparición de los taninos jóvenes, lo que en algunas ocasiones puede resultar aún en exceso dura. A ese procedimiento se le llama trasiego o aireado del vino.

En este caso es necesario trasvasar el vino con la mayor delicadeza posible a una garrafa o decantador de cristal, no de vidrio, todo esto según el vino que haya de contener; ya sea oporto, madeira, burdeos, etcétera. Debemos tomar en cuenta que el recipiente tendrá que ser de acuerdo con las propiedades de cada vino, como sucede de igual manera como las copas. Si no se elige correctamente el contenedor sin duda éste puede alterar la percepción de las características gusto-olfativo de un vino en específico.

7.- Cestillo portabotellas. Es muy utilizado para trasladar a la mesa una botella de vino envejecido, ya que permite mantener la botella levantada por el lado del gollete, por lo tanto, que si existen residuos sólidos que se encuentren en el fondo se quedan ahí sin dejar que se dispersen por todo el contenido de la botella y pueden ser de mimbre, madera, metal o plata.

8.- El tastevin o catavinos. El catavinos se puede llevar colgado en el cuello por medio de una cadena, de la cual se suelta si se necesita. Sin embargo, presenta un inconveniente: su «boca» produce una expansión de los aromas del vino, en lugar de la concentración aromática que se necesita para llevar a cabo un análisis que sea detallado el producto. Por esta razón ya no se utiliza mucho por lo que su uso es muy limitado y para profesionales del tema.

9.- El carrito de los vinos. Éste puede contener de 6 a 8 productos, entre ellos un vino blanco de aguja, otro sin gas para el aperitivo, un blanco genérico y otro importante, un vino tinto y otro importante o licoroso adecuado para maridar con los quesos, y por último dos vinos de postre. Por lo que tendremos un carrito que se encuentra con una variedad adecuada y a la mano.

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MARIDAJE SEGUNDA PARTE.

Cuando probamos algo, nuestra reacción inmediata es afirmar «está bueno o no», esto es un discernimiento normal en el que se resumen una multitud de variables de índole natural como lo son: la fisiológica, psicológica y también cultural.

Es por esta razón que es inevitable el realizar una observación a detalle de las características organolépticas (lo que perciben los sentidos como la untuosidad, aspereza, sabor, brillo, etcétera) de los alimentos para que todo quede unido en este rompecabezas del maridaje.

Los parámetros que se consideran fundamentales son: salinidad, percepción árida, oleosidad, jugosidad, percepción dulce, aspecto graso, percepción amarga, especiado, percepción gusto-aromática, dulzura y persistencia gusto-olfativa.

Todos estos encuentran un equilibrio que es correcto en los sabores de una copa. Esto es sin descartar la estructura que se encuentra en la comida y el vino que debe establecer una charla entre ambos sin que sobresalga uno sobre el otro.

LA ARMONÍA DE LOS OPUESTOS.

Lo opuesto es el principio que guía la mayor parte de los maridajes. Todos sus componentes al combinarse sobre la base de un análisis estricto.

La salinidad, la percepción amarga, y la percepción ácida son consideradas sensaciones de dureza: para realizar una contraposición, el vino que se deguste tiene que adquirir características de suavidad que equilibren las sensaciones que son opuestas.

Un ejemplo: Nivelar los sabores cuando se realiza una ensalada de alcachofas crudas donde el sabor es un poco amargo, debemos encontrar el maridaje que sea adecuado para este platillo ya que se encuentran muy presentes las sensaciones que anteriormente se han descrito.

Recordemos que el maridaje se trata de sensaciones organolépticas y en las sensaciones que invaden la boca, entre los muchos emparejamientos que son posibles se abre una vía a la combinación perfecta.

Un vino que es blanco y muy suave, fresco, escasamente ácido y con un buen contenido alcohólico, es ideal para una ensalada de alcachofas crudas.

La oposición entre la oleosidad es una sensación táctil que se distingue como una impresión a primera sensación viscosa en toda la cavidad oral que es producida por la existencia de aceites, como en los casos donde se presentan platillos con verduras, pescados, carnes cuando las preparaciones se encuentran en presencia de aceite lo que será importante para elegir el vino.

Lo más adecuado es elegir un vino que tenga la capacidad de contrastar y que se encuentre dotado de un alto contenido en taninos lo que al ser combinados generan en la cavidad oral una sensación táctil de aspereza que compensará la viscosidad de los aceites.

Pero si además de todo esto la preparación del platillo está muy estructurada se tendrá que elegir un tinto tánico que haya sido sometido a un envejecimiento discreto.

Pero si nos encontramos frente a un platillo donde su preparación es menos estructurada y mucho más delicada, lo más adecuado será adquirir un vino blanco con un buen contenido alcohólico en lugar de un vino tinto con cuerpo.

Esto es porque las características del vino blanco suave contrastarán con la untuosidad del plato y es gracias a su acción detergente.

Cuando la comida provoca una sensación táctil de jugosidad es por la presencia en la cavidad oral de líquidos y jugos, en estos casos se recomienda un vino que tenga la capacidad de enjuagar la boca y con cierto contenido alcohólico, normalmente se selecciona un vino tinto con mucho tánico ya que los taninos ayudan de igual manera a enjuagar los líquidos.

Cuando la boca se invade de esos jugos pueden provenir de la propia elaboración del plato que contenga caldo o por inducción en la masticación.

Un ejemplo, es algo tan sencillo como un pan tostado con ajo, aceite de olivo y tomate, es un platillo que requiere de un vino tinto joven y tánico que sea capaz de enjuagar de manera adecuada el paladar de la oleosidad de la comida.

Al momento de comer un plato con tendencia dulce, es conveniente maridarlo con un vino que tenga características de acidez, frescura, cuerpo y, en algunas ocasiones efervescencia que se traduce en sensaciones de dureza. Esto porque el plato tiene una sensación de suavidad y lo que deseamos es conseguir maridarlo y lograr contraponerse y así, obtener un sabor delicioso que tenga armonía.

Debemos comentar algo que sin duda es importante, tenemos que evitar el confundir las sensaciones o tendencias dulces que se producen por los sabores naturales de los alimentos como las zanahorias, calabaza, etcétera o como de las carnes. El dulce que se busca es el de cuando se añade literalmente azúcares o en los que se han realizado preparaciones azucaradas.

Un ejemplo, sería un plato clásico italiano que lleva tallarines, jamón, guisantes y por último queso para gratinar; la pasta es dulce, así como los guisantes. En sí, es un plato dulce que irá muy bien acompañado por un vino que sea espumoso, ácido, con cuerpo y frescura lo que lo hace un maridaje excelente, la suavidad de la comida con la dureza del vino se contraponen para dar lugar a sabores espectaculares.

Cuando un platillo tiene características grasas (sensación de morbidez) con una sensación táctil en boca, untuosa, el vino a elegir debe ser con una peculiaridad opuesta como lo es la acidez, cuerpo y efervescencia que ocasionará una contraposición,

En el caso de las especies y los aromas, los platillos que son aromáticos y especiados requieren que el maridaje sea con prudencia, cada sabor que se libera, tanto del plato como de la copa tienden a reforzarse. Sin embargo, debemos evitar a toda costa que los sabores se emascaren.

Prácticamente se puede observar que en este caso es mejor y más aconsejable decir que en lugar de aplicar la teoría de la contraposición se aplique la teoría de la concordancia.

Un ejemplo: En un plato donde se sirve un filete con pimienta negra, el vino que lo acompañe deberá ser tinto, con una correcta graduación alcohólica (suave para contrarrestar la dureza del plato), pero el buqué tendrá que ser de intensos aromas a fruta madura y especies lo que reforzará las sensaciones aromáticas de la comida.

ARMONÍAS.

Absolutamente toda regla contiene una excepción y es el caso de algunas características de la comida, como la dulzura de los postres y la persistencia olfativa. Las sensaciones que son muy agradables que se ven secundadas de modo directamente proporcional.

DULCE Y EL VINO.

Entre la comida y el vino, el principio de la concordancia se adapta básicamente y casi sin exclusivamente, en los casos de los platos dulces, así que también en la mayor parte de los postres.

El vino que se elegirá para maridar dependerá del tipo de preparación y del grado de la percepción de la dulzura que presente. Por lo regular, cuanto mayor sea la sensación de dulzura del plato, el vino elegido será un tanto más dulce.

Ejemplo: una tarta con mermelada que tiene una profunda sensación de dulzura será acompañado por un vino dulce que sea generoso, natural o licoroso, blanco o tinto lo que permitirá potenciar la sensación de dulzura.

PERSISTENCIA.

Algunos de los platos pueden presentar una particular persistencia gusto-olfativas, por lo que se recurrirá a un vino que contenga con el mismo tipo de persistencia, esto para evitar que las sensaciones se superpongan de alguna manera.

Un ejemplo: El queso parmesano, con una curación de dos años, este plato presenta una larga persistencia gusto-olfativa. Por lo que el vino a elegir tendrá que ser un vino tinto que en sus características presente una larga persistencia gusto-olfativa en un nivel similar con una estructura y adecuado envejecimiento.

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(MARIDAJE) ARMONÍA EN EL VINO Y LA COMIDA.

Cuando hablamos de el maridaje vino-comida, estamos hablando de una disciplina complicada que requiere un conocimiento profundo de los sabores y las texturas que cada uno aporta. Esta práctica ha sido la finalidad por un largo tiempo del subjetivismo, que solo se limita a la validez del sujeto que conoce y juzga, y a la improvisación, pues muchas veces las combinaciones se eligen en el momento, sin haberlo preparado o estudiado adecuadamente. Sin embargo, si entendemos las características fundamentales de los vinos y los platillos, podemos descubrir un universo de posibilidades que potencian la experiencia gastronómica. La interacción entre el vino y la comida puede realzar sabores, suavizar la acidez, y crear armonías inesperadas que deleiten el paladar y lleven nuestra experiencia a un nivel superior.

El armonizar los sabores es realmente un arte, no solo son procesos químicos, sino también son fisiológicos. Esta complejidad se manifiesta en la manera en que nuestros sentidos interactúan con diferentes componentes de los alimentos y las bebidas. Solo en las últimas décadas, las técnicas que aplica el sumiller han aportado un método técnico-científico que se ocupa de cualificar y cuantificar las múltiples sensaciones que son generadas por la comida y el vino tanto por separado como contrastadamente. Estos métodos permiten al sumiller entender las reacciones que se producen en el paladar, así como las emociones y recuerdos que ciertos sabores pueden evocar. La capacidad de equilibrar la acidez con la dulzura, el cuerpo de un vino con la textura de un plato no es solo una cuestión de gustos, sino una búsqueda meticulosa de la armonía perfecta que realza la experiencia gastronómica en su totalidad.

El maridaje que sucede por lo general se puede realizar ya sea por concordancia (coincidencia) o por contraposición (contraponer). En la primera situación, tanto la comida como el vino comparten características similares que se refuerzan entre sí; en el segundo caso, subyace (estar debajo o en el fondo de algo) un contraste que se reequilibra al combinarse.

El vino es lo mejor de las comidas y sin él, es como un baile sin orquesta; se considera que al momento de servir una copa de vino, la mesa ofrece una unión de buena hermandad que trasciende las barreras del lenguaje y la cultura. Cada sorbo de vino invita a la conversación, fomenta la risa y crea un ambiente donde los lazos entre familiares y amigos se fortalecen. Además, el vino no solo complementa los sabores de los platillos, sino que también cuenta una historia, la de sus viñedos, la tierra y las manos que lo cosecharon, haciendo de cada comida una experiencia memorable e inolvidable.

Cuando se ha tomado una decisión de si lo que se ha comido ha resultado deleitoso, las percepciones que se han experimentado tienen la capacidad de desarrollar el gusto lo que se determina por tres principios:

1.- El biológico, que se encuentra ligado al deseo fisiológico de ingerir líquidos y nutrientes.

2.- Psicológico, que es determinado por la satisfacción de un anhelo.

2.- Carácter social, que es el valor simbólico, asociativo y evocador.

Como ya se ha mencionado en la fisiología del gusto, la saliva adquiere un papel muy importante, ya que es segregada tras la estimulación de los receptores táctiles, dolorosos y gustativos de la boca, así como por un reflejo condicionado.

La saliva.

La saliva es de naturaleza enzimática y su cantidad y composición química son muy variables dependiendo de cada persona de acuerdo con la naturaleza del estímulo.

La composición de la saliva se puede ver influenciada por sustancias químicas o medicinales que cada persona tenga que emplear en su día a día, por lo que éstas pueden generar modificaciones en la percepción de los sabores.

La comida, así como en el vino, en la combinación de múltiples sabores donde ejercen la percepción individualizada, según sean los casos hacen que se vean atenuadas, enmascaradas o, por el contrario, realzadas.

Cuando se habla del sabor o el aroma de los alimentos, nos referimos a las papilas gustativas, también al olor de la comida. La lengua tiene la capacidad de diferenciar muy pocos caracteres químicos, a diferencia de la nariz que tiene la capacidad de reconocer múltiples sustancias y con una mayor sensibilidad.

En el momento en que los receptores se encuentran expuestos de manera continua a un concreto estímulo, la capacidad de percepción empieza a disminuir: esto es porque comenzamos a acostumbrarnos a los olores y para el final dejamos de percibirlos.

De igual manera al encontrarnos expuestos a olores muy fuertes, lo que provoca es un tipo de adaptación que resulta ser muy pronta, pero afortunadamente reversible. Lo que genera una fatiga que puede conducirse en el transcurso.

Para la variedad de los menús, el paladar se muestra más penetrante y mucho más atento a los matices por lo que cuando se le sorprende cada vez con algo que sea nuevo en cada bocado, el contraste que presenta con la variedad es, pues principios culinarios confirmados por la neurofisiología.

Esto hace afirmar que nuestros sentidos se encuentran hechos de modo que son más sensibles a los cambios que una continuidad y la invariabilidad.

No se debe dar un valor menor a la importancia de la temperatura a la que se presentan los alimentos ya que el gusto es cuestión de un efímero contacto a través de las moléculas que se encuentran presentes en los alimentos y las proteínas de la membrana de las células sensoriales.

Las temperaturas elevadas no permiten que los recetores capturen las moléculas de los alimentos ya que con el aumento de la temperatura también aumenta la energía cinética de las mismas. En estos casos las sensaciones obtenidas serán fugaces

Cuando nos presentan los alimentos siempre tendemos a evaluarlos, así como las bebidas también lo hace muy relevante la vista: como primera impresión al mundo exterior, esto antecede de la experiencia que se adquirió mediante la aproximación que se realizó previamente tanto olfativa como gustativa. Es importante seducir visualmente al presentarlos. Nos permite tener satisfacción o decepción, alegría o enojo, etcétera.

Siempre invita a realizar platillos increíbles y mantenernos en un ambiente agradable, convivir con los seres amados es muy importante, así como el disfrutar de sabores increíbles.

Maridaje, Comida, Vino, Inicios

Vamos a analizar ¿Qué entendemos por maridaje comida-vino? Es la unión de alimentos con los vinos.

En el sentido general, cuando se elige un vino que acompañará un alimento, el cual ha sido seleccionado para beberlo con una determinada comida o ya sea en el caso específico de una secuencia de platos, para los cuales se deben escoger vinos que sean más adecuados con el objetivo de lograr un resultado exquisito y armónico. El maridaje se considera nuevo ya que anteriormente no había recibido la atención que se merece.

Philippe Bourguignon, quien es uno de los más grandes y mejores sumilleres franceses, quien ha dicho qué en el oficio de sumiller, quien escribió -En el oficio de sumiller- en muy raras ocasiones se atreven a proponer un maridaje perfecto.

Para encontrar la combinación perfecta de armonía entre la comida y el vino es muy necesario que todos comieran las mismas cosas con un numero infinito de vinos. También se dice Jacques Puisais, que el vino se tiene que servir primero y posteriormente la comida para acompañarlos.

Cuando nos encontramos en casa, es más fácil elegir una botella de la bodega y posteriormente los platillos que permitirán al vino reflejarse de una manera óptima. Sin embargo, en un restaurante, es todo lo contrario ya que es difícil codificar la combinación óptima entre el sabor de la comida y el vino porque no todos los comensales disfrutan el mismo platillo.

En el momento en que se disfruta un platillo y un vino, interviene mucho el ambiente, cuando es en casa, los lindos platos, la comida bien preparada, la compañía, etcétera. Cuando es en un restaurante también intervienen, la disponibilidad de las personas que trabajan en él, el ánimo, así como el del cliente, pero también es muy importante tomar en cuenta el gusto del cliente y que debe ser valorado, respetado, incluso en algunos casos tienen que prevalecer.

Contraposición y Concordancia

Una pareja que es impecable:

  • Barolo quinado y los vinos licorosos.

Uno de los mayores retos del sumiller se encontraba en la verdura cruda sobre todo porque algunas tienen cierto grado de amargura y en específico los espárragos con un inmaculado punto amargo. Sin embargo, en combinación con un -Spargel wein- vinos blancos suaves y aromáticos los sabores son sublimes.

La búsqueda de la comida con el vino, para la mejor armonía posible de todo aquello que logre elevar al máximo niveles de placer. Para equilibrar a la contraposición y la concordancia, es muy necesario seguir dos líneas de orientación, que por supuesto no tienen que ser interpretados de una manera estricta. Ya que un gran maridaje es casi siempre el producto de múltiples pruebas y experimentaciones, así como mucha creatividad.

Un ejemplo: el chocolate, es óptimo acompañante del Barolo quinado y de los vinos licorosos. Así, como una hortaliza que tiene un sabor amargo, el cual es un tanto difícil de combinar, como lo es un espárrago crudo, quien encuentra una combinación perfecta con el Alto Adige, tierra de vinos blancos como un Spargel wein.

  • El término de concordancia se entiende como una identidad parcial, un acuerdo, una conformidad entre las sensaciones gustativas que, como consecuencia, se refuerzan entre sí.
  • En cuanto al término contraposición, por todo lo contrario, se procura expresar que las sensaciones gustativas son antagónicas, por lo que se enfrentan y obstruyen en cada momento hasta un punto en que oculta los sabores ya sea de la comida o del vino.

Es fundamental comprender por medio de un análisis conciso de cuáles son las sensaciones que debemos de buscar en el vino en función de las percibidas en la comida.

Las sensaciones gustativas y gusto olfativas que hay que buscar y estudiar como lo son:

1.- La sensibilidad.

2.- La percepción ácida.

3.- La percepción amarga.

4.- La dulzura.

5.- El especiado.

6.- La percepción del gusto-olfativo.

7.- Sensaciones táctiles como pueden ser la oleosidad, jugosidad y la crasitud (tejido adiposo que se deposita en ciertos órganos).

TÉRMINOS.

Dulzura. Sensación debida a sustancias edulcorantes añadidas como la sacarosa, fructuosa, aspartamo, miel, sacarina, etcétera.

Crasitud. Que tiene una sensación mantecosa.

Suavidad. Que tiene una sensación agradable de rotundidad debida a la presencia de glicerina en el vino, alcohol etílico, así como otros alcoholes y polialcoholes.

Oleosidad. Es cuando se tiene una sensación de deslizamiento en toda la cavidad oral.

Percepción ácida. Es la sensación que se debe a la presencia de algunas sustancias ácidas como el limón o el vinagre.

Percepción amarga. Es la sensación que se debe a la presencia de partes quemadas o componentes que son amargos como los alcaloides.

Percepción dulce. Es cuando se encuentran sustancias amiláceas que por la acción de la saliva se dividen por lo que dan origen a glucosa y maltosa por lo que siempre generan una leve sensación dulce o de azúcares diversos a los edulcorantes como la lactosa, así como también a la presencia de sustancias que contienen triglicéridos.

Percepción gusto-olfativa. Se distingue principalmente en la espiración (retrogusto o sensación retronasal).

-Salinidad. Es una percepción especialmente de sal (como el cloruro de sodio) que se encuentra presente en los alimentos.

Especiado. Es cuando se encuentra la presencia de especias como la pimienta, canela, nuez moscada, cardamomo, clavo, etcétera.

Estructura. Se traduce como la complejidad y riqueza de los ingredientes que contiene; así como el largo periodo de reposo y maduración.

Jugosidad. Es la cantidad de jugos o líquidos que se encuentran presentes en la boca durante la masticación o posterior a la digestión de la comida.

Otro paso para el Maridaje

La estructura. Para conseguir un maridaje adecuado entre el vino y la comida es el analizar la estructura de los dos protagonistas. Ya se mencionó que la estructura se refiere a la complejidad y la riqueza de los ingredientes, en el caso de la comida y en el caso de los sabores y aromas para el vino.

Tanto la estructura del vino como de la comida tienen que ser de una naturaleza similar; ejemplo, una comida que se encuentra muy estructurada deberá de ser acompañada por un vino que sea muy rico en aromas y sabores.

O, por el contrario, si una comida es elaborada sutilmente y preparada con solo dos o tres ingredientes su compañero ideal será un vino de poca estructura. Sin embargo, debemos siempre recordar que parte de este mundo es la experimentación, así como la creatividad.

Pero también es cierto que existen algunas normas que vale la pena seguir. Por ejemplo: la mesa, es básico que la mesa presente los placeres, que se vean armoniosos, debe ir in crescendo (en crecimiento), que nunca se nos olvide.

Concordia a Tres Bandas (Agua, Comida y Vino)

Es el lema entre los mejores sumilleres de todo el mundo. » Se tiene que lograr la armonía entre todos los elementos que se encuentran presentes en la mesa».

De esta manera, todos los componentes incluso el agua que se consumirá, será elegida con mucho cuidado; la armonía de las fragancias de la comida debe ser realzada por medio de un correcto maridaje con el agua.

Corresponde subrayar que el agua a elegir debe tener la capacidad, por sus características, de preparar el paladar para el siguiente plato.

In crescendo (Agua y Comida).

Como pauta al realizar combinaciones es aquella en la que ninguno de los elementos prevalece sobre los demás. Un ejemplo de ello es; cuando se va a acompañar un plato que es particularmente salado se necesitará de un agua que con bajo contenido de sales.

Si la consistencia de los alimentos crece, de igual manera debe hacerlo la estructura y consistencia del agua que va a acompañar el platillo. Por ejemplo; un plato de sabor fuerte deberá tener como acompañante de un agua «fuerte» es decir, el agua tiene que ser de un sabor concentrado y que rica en sales minerales. Cuando se trata de un plato delicado y ligero, el agua tiene que ser, por el contrario, un agua mineral ligera y pobre en sales minerales.

El agua que contiene gas tiene un pH moderadamente ácido, esto es debido a la presencia de CO2. Por consiguiente, es realmente un acompañante delicioso cuando se trata de platos especiados.

El agua que no contiene gas es un perfecto acompañante de comidas dulces, en particular con todas aquellas preparaciones en las que el azúcar es uno de los ingredientes principales.

El gas tiene la capacidad de estimular las secreciones gástricas por lo que favorece la digestión. El agua con gas y los vinos espumosos son ideales para combinar con platos ricos y complejos.

El agua con gas tiene la virtud de saciar la sed de inmediato, esto gracias al efecto anestésico que el anhidrido carbónico tiene sobre las terminaciones nerviosas de la mucosa oral. Por esa razón quedarán bien con las comidas que estimulan la sed y que tienden a secar la cavidad oral.

Neutralidad, agua y vino.

Hay una regla, entre más neutral sea el agua, y menos abundante sea su contenido en minerales, más tendrá la capacidad de acompañar el vino, por lo que solo de esa manera permanecen en la boca los ingredientes y los aromas.

Es muy importante acompañar el vino con agua ya que el vino tiende a deshidratar el contenido en líquido del cuerpo, Un agua que se encuentra fuertemente mineralizada puede subrayar la acidez y el tanino de un vino, así como hacer menos perceptible su suavidad.

Por el contrario, un agua que es fuertemente básica puede mitigar la acidez y los taninos, también equilibra la dulzura en el vino, pero es posible de correr el riesgo de perder carácter y complejidad.

En resumen, a mayor neutralidad que presenta el agua (cuanto menor sea su contenido de minerales) más adecuado será para acompañar al vino.

Esta es una regla que sin duda se debe tomar en consideración, ya que la posibilidad de conservar en la boca sus componentes y aromas es mayor, por lo que será posible si el agua no tiene una marcada «personalidad» propia (sales minerales). Es de mucha ayuda realizar múltiples combinaciones (experimentar) para adquirir gusto, así como el recuerdo de las sensaciones que se perciben durante las comidas.

Cuando se adquiere un correcto maridaje entre el vino, la comida y el agua; el comer siempre será un verdadero placer, así como alcanzar mayores beneficios como el gusto.

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EL VINO Y ALGO SOBRE LOS ÁCIDOS, pH Y PENETRACIÓN QUE LO COMPONEN.

La evocación ácida o de frescura que se percibe al momento que realizar una cata de vino es generada básicamente por: la combinación de diversas características del vino que impactan en los sentidos, especialmente en el gusto y el olfato. Esta sensación, que puede recordar a frutas cítricas como el limón o la naranja, no solo resalta la calidad del vino, sino que también refleja el terroir y las prácticas de vinificación empleadas. A medida que se exploran los matices de la bebida, se pueden identificar notas herbáceas y florales que, al entrelazarse con la acidez, contribuyen a una experiencia de cata más compleja y satisfactoria. Además, la temperatura de servicio y el tipo de copas utilizadas juegan un papel crucial para maximizar esta frescura percibida, haciendo de cada cata un momento único y enriquecedor.

  • Ácidos.
  • pH.
  • Fuerza de penetración.

ÁCIDOS DEL VINO.

  • Ácido Málicos. Este ácido se encuentra presente en la fruta y la uva que están poco maduras; tiene una sapidez acerbo que genera una sensación tanto agria y verde.
  • Ácido Succínico. Este ácido se forma mediante la fermentación alcohólica; lo que genera es una sensación amarga y con suficiente cuerpo.
  • Ácido Acético. El ácido se forma en cantidades mínimas, solo 0.2-0.5 g/l ,en las fermentaciones alcohólica y maloláctica; se presenta en dosis un poco más altas, aparece por oxidación bacteriana a partir del alcohol etílico, sin embargo cuando llega a esto es porque se ya se tiene una enfermedad en el vino.

EL pH DEL VINO.

El pH es la acidez real cuando se realiza el análisis organoléptico esto coincide con la correspondiente sensación gustativa. Esto quiere decir que si tenemos dos vinos con el mismo contenido en ácidos pero tienen valores diferentes del pH, esto sin duda generará dos sensaciones gustativas diferentes.

El pH representa la densidad de iones de hidrógeno que proviene de la separación de los ácidos del vino, siendo un factor crucial para determinar no solo su acidez, sino también su perfil de sabor y aroma. En general, sus valores oscilan entre 2.7 y 3.3, lo que indica una acidez notable, característica de muchos vinos tintos y blancos.

Esta variación en el pH se debe a diversos factores, como la variedad de uva utilizada, las condiciones de cultivo y la técnica de vinificación aplicada. Un pH más bajo, por ejemplo, puede resultar en un vino más ácido y fresco, mientras que un pH más alto puede aportar suavidad y dulzura.

Cuando se presentan valores inferiores, los vinos son más ácidos; con valores más altos los vinos son menos ácidos. Esto implica que la acidez en los vinos puede influir no solo en el sabor, sino también en la sensación en boca y la capacidad de envejecimiento. Un vino con alta acidez puede realzar la frescura y la vivacidad, haciendo que sea más refrescante y fácil de maridar con ciertos alimentos, especialmente aquellos que son grasos o salados. Por otro lado, un vino con baja acidez tiende a ser más suave y redondeado, lo que puede hacerlo más agradable para quienes prefieren perfiles de sabor más dulces y menos punzantes. Además, entender este equilibrio ácido es fundamental para los enólogos al momento de crear un vino que se ajuste a las preferencias del consumidor y a las características del viñedo.

LA FUERZA DE PENETRACIÓN.

Los componentes de cada uno de los ácidos que van acompañados de la fuerza y capacidad de penetración proporcionan al vino esa típica sensación de vivacidad y acidez, creando un balance perfecto con los sabores afrutados y la estructura del cuerpo del vino.

Esta combinación es fundamental para resaltar la frescura del vino, permitiendo que el paladar experimente una armonía de sabores que despiertan los sentidos.

Además, la acidez actúa como un buen conservante, lo que asegura que el vino no solo sea agradable en el momento de su consumo, sino que también tenga la capacidad de evolucionar con el tiempo, desarrollando matices más complejos que enriquecen su carácter.

Por lo tanto, se define la capacidad de penetración de cada tipo de ácido en las papilas gustativas, lo que influye significativamente en cómo percibimos los sabores. Este fenómeno no solo se limita a la intensidad del sabor, sino que también juega un papel crucial en la forma en que los alimentos se equilibran entre sí en una comida.

Entre todos los ácidos, el ácido acético se atribuye la máxima ascendencia, ya que su sabor distintivo y penetrante puede realzar otros ingredientes, creando una experiencia gustativa más compleja y agradable para el paladar. Además, su versatilidad lo convierte en un componente esencial en diversas preparaciones culinarias, desde aderezos hasta conservas.

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ANÁLISIS GUSTATIVO EN EL VINO.

Este análisis se realiza introduciendo el vino en la boca, y a medida que su temperatura va en aumento, como consecuencia se despliega en secuencia una serie de aromas.

Se van valorando las sensaciones físicas, químicas, táctiles y térmicas, o formulando un juicio general sobre el equilibrio del caldo.

Para realizar de manera correcta el análisis gustativo del vino, es de necesidad conocer su articulación e función de tres sensaciones:

1.- El sabor.

2.- Las sensaciones táctiles.

3.- El aroma en boca (que son las sensaciones por vía retronasal, retrogusto).

  • El sabor. Cuando hablamos del sabor, éste es sobre todo es el resultado de la combinación entre las sustancias dulces que son los encargados de igual manera de la impresión de morbidez, y otras de sabor ácido.

Lo que produce la evocación de dulzura, irónicamente no son solo los azúcares, sino también el alcohol etílico y la glicerina, que aunque propiamente no tiene nada de dulce si que aporta suavidad, rotundidad (calidad de rotundo) y pastosidad al caldo.

Cuando son vinos secos, los azúcares naturales se encuentran por debajo de los 2 gramos/litro, en cuanto a los vinos abocados, embocados o dulces, la calidad puede andar en algunas decenas de gramos.

Estas sustancias se distinguen, en lo particular, en la punta de la lengua, lo que genera una percepción densa y viscosa.

El alcohol que abarca en mayor cantidad los vinos es el etílico. Y la proporción cambia de 50 a 150 g/l, la influencia en los caracteres organolépticos es destacado, no solo porque determina el sabor (si la cantidad de alcohol es baja, el vino se produce débil y acuoso) sino también porque ejerce como soporte de los aromas, sobre todo en los vinos blancos.

El alcohol genera en la mucosa de la boca, en las paredes del esófago, así como del estómago una sensación de calor y de un leve ardor (que es causada por la deshidratación de los tejidos) lo que contribuye a atribuir suavidad y rotundidad al vino, además de destacar y reducir la aspereza de los ácidos.

La glicerina también es otro ingrediente importante del vino. Éste se forma mediante la fermentación alcohólica y su cantidad de 4 a 19 g/l que depende de la temperatura y la duración del proceso fermentativo y de las levaduras que se han utilizado.

Por su sabor dulce y su correspondiente untuosidad, atribuye rotundidad al vino, sin embargo este es de menor intensidad que el alcohol etílico.

Las sustancias de sabor ácido son generados en parte de la uva (ácido tartárico, ácido málico, ácido cítrico) también por parte de procesos químicos y microbiológicos (ácido láctico, ácido succínico, ácido acético).

Estas sustancias otorgan sapidez , frescura y vivacidad al vino. Cuando estas sustancias se encuentran de manera excesiva, el resultado es un vino agrio, áspero y duro; y por el contrario cuando no es alta su presencia el resultado será un vino insípido y plano. Al encontrarse con mayor acidez , éste es responsable de que el vino tenga un color más vivo y brillante.

Los lados de la lengua son los que perciben los ácidos; lo que provoca una salivación abundante. Cuando son sobre las mucosas pueden generar una sensación punzante que en algunos casos contados puede resultar irritante.

La oxidación de los polifenoles y los sulfuros, son los que generan ese sabor amargo de las sustancias. Pero también lo puede generar una enfermedad en particular; la que llaman <enfermedad amarga>la que favorece a la transformación de la glicerina en acroleína y a la esterificación de este último producto con los taninos.

Gracias a las nuevas técnicas enológicas que se han integrado al proceso, en la actualidad se encuentran prácticamente extinguidas.

Las sustancias de sabor salado se encuentran presentes de manera escasa en el sabor salado del vino. En el vino se encuentran sales minerales o sales orgánicas que producen una percepción salada al ser bebido.

Las sales aportan al vino sabor y frescura, esta es de manera escasa ya que el alcohol las cubre por completo, así como las sustancias volátiles.

  • Sensaciones táctiles. La astringencia, nombre que proviene de una palabra latina lo cual significa ligar conjuntamente.

Los taninos catequinas se localizan en los rabos, hollejos y orujos, los cuales pasan al vino por medio de la maceración. Por consiguiente, el mosto que se mantienen mucho mas tiempo en contacto con el orujo genera más taninos en el vino tinto, que en el vino blanco.

La madera de las barricas producen taninos galotánicos ya que provienen del envejecimiento y éstos son ajenos a la uva; es en particular cuando se trata de contenedores que son nuevos y pequeños.

Según sea el periodo de permanencia en el barril, será la cantidad de taninos extraídos los que llegan a alcanzar los 200 mg/l al año.

Así que de esta manera los taninos son amargos y astringentes, sin embargo no todos son de la misma manera; cuando se lleva a cabo el envejecimiento, los polifenoles nobles o taninos nobles tienden gradualmente a producir una sensación de astringencia cada vez menos potente.

En este caso la sensación de astringencia se produce ya que los taninos al entrar en contacto con la mucosa oral, sustraen agua e inducen la precipitación de mucina (ésta es una proteína de la saliva que lubrica las mucosas) lo que provoca que la boca quede seca, áspera o espesa.

El anhídrido carbónico influye sobre los caracteres organolépticos del vino: esto aporta vivacidad a los colores, enaltece los aromas y da un gusto más sápido (que tiene algún sabor). En cuanto existe un leve exceso, ocasionará un picor placentero; pero si es escaso, el resultado del vino es vacuo (superficial, carece de contenido o interés), frágil y exhausto.

El ácido carbónico acentúa los ácidos y la astringencia de los taninos por los vinos blancos soportan mejor que los vinos tintos, así que disminuye el dulzor de los azúcares.

Un vino «tranquilo» es definido como seco al momento que está totalmente desprovisto de azúcares que son menos de 2 g/l; o un brut que contiene hasta 10- 20 g/l de azúcar.

La lengua tiene la capacidad de inspeccionar al tacto la presencia de CO 2 en un vino cuando contiene una cantidad mayor o igual a 500 mg de ácido carbónico gaseoso por litro.

La impresión de pico que se genera en la lengua es el mejor medio del que los técnicos disponen para conocer el inicio del la fermentación del mosto.

  • Aroma de boca. Tanto la boca como la nariz comparten una vía respiratoria en común (la faringe), por esta razón tanto el olor como el sabor del vino se advierten al mismo tiempo.

La combinación de gusto y olor es a lo que en realidad llamanos gusto-olor o gusto-olfativo del vino. El olfato y el gusto constituyen un solo sentido, por lo cual la boca es el laboratorio y la nariz es el medio; o para ser más objetivos:

1.- La boca sirve para analizar los objetos físicos.

2.- La nariz sirve para hacer lo propio con los gases.

De esta manera durante la masticación y deglución del vino, los vapores que se originan estimulan la mucosa olfativa, lo que hace que se puedan identificar los diversos aromas.

Los aromas que más son perceptibles mediante esta fase no corresponden necesariamente con los identificados durante el análisis olfativo.

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La Evolución del Sumellier en la Gastronomía

La figura del Sumellier, tiene mucho más tiempo de lo que parece, su presencia surgía para vender el vino y servirlo de la mejor manera o, incluso, como una consecuencia de una búsqueda cada vez más sofisticada del placer. Sin embargo, no es de esa manera.

A lo largo de la historia, este profesional ha evolucionado desde un simple servidor de vino hasta convertirse en un experto en la selección y maridaje de vinos, desempeñando un papel crucial en la experiencia gastronómica.

El Sumellier no solo recomienda el vino adecuado para cada plato, sino que también educa a los comensales sobre las diferentes variedades, regiones y procesos de producción, enriqueciendo así su comprensión y apreciación del vino. Su conocimiento profundo transforma cada comida en una celebración de sabores, donde el vino complementa y realza cada bocado, convirtiendo una simple cena en una experiencia sensorial memorable.

Los vestigios literarios, vívidos y cuantiosos, así como diversos materiales arqueológicos, corresponden en demostrar que el dispensador de la bebida ya era conocido en la mesa desde la época de los egipcios, griegos y romanos, incluso si se habla de civilizaciones muchos más antiguas como la de Mesopotamia.

Mesopotamia es considerada como la cuna del vino, un lugar donde esta bebida no solo se producía, sino que también jugaba un papel fundamental en las ceremonias y festividades de la época.

A diferencia de la cerveza, que era consumida por las masas y se integraba en la vida diaria de la gente común, el vino era un símbolo de estatus y lujo, reservado principalmente para los círculos aristocráticos y la elite social, sin distinción de sexo.

Este aprecio por el vino se reflejaba en su presencia en banquetes y celebraciones, donde se creía que su consumo favorecía la conexión con los dioses y elevaba el espíritu de los participantes, otorgando así al vino un estatus casi sagrado en la sociedad mesopotámica.

El Sumellier es el encargado de conservar el vino, así como que conserve sus características específicas. Para lograr esto de manera efectiva, debe contar con grandes conocimientos sobre las diferentes variedades de uvas, las técnicas de vinificación y las condiciones óptimas de almacenamiento.

Además, su labor no solo implica cuidar el vino en términos de temperatura y humedad, sino también seleccionar los alimentos adecuados que realcen los sabores y aromas del vino, creando experiencias memorables para los clientes. La pasión y dedicación del Sumellier juegan un papel fundamental en la apreciación del vino, convirtiendo cada botella en una obra de arte que debe ser disfrutada y valorada.

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